martes, 26 de febrero de 2013

RECUERDOS Y NOTAS DE VIAJE: A TRAVÉS DE LA CANAL DE BERDÚN Y EL ARAGÓN SUBORDÁN

RECUERDOS Y NOTAS DE VIAJE: A TRAVÉS DE LA CANAL DE BERDÚN Y EL ARAGÓN SUBORDÁN.
Una mañana de mayo. El “rubicundo Apolo” se ha desperezado y tiende sus rayos de suave brillo sobre la Canal de Berdún desde la lejana Peña Oroel hasta los límites orientales de Navarra. Los juegos de la luz realzan colores, alargan sombras, tamizan umbrosas cuestas. Tiernos verdes primavera, grises yesos de las cárcavas, azules verdosos de las calcáreas aguas, siluetas de lejanos montes y destellantes blancos de las nieves altas enmarcan los pasos por la vieja ruta multitudinaria por donde otrora cruzaron las legiones de Roma y llegaron las corrientes peregrinas,  variopintas mareas humanas de la Europa antigua y medieval. En los nuevos tiempos, el turismo blanco, la gran riqueza del arte románico y la belleza de los valles pirenaicos atraen otras corrientes de público siguiendo la milenaria ruta.

Sobre la plácida lámina de agua del embalse de Yesa que sepulta campos, pueblos,  viejas termas y cuántas y cuántas historias de habitantes y viajeros que en uno u otro sentido discurrieron por el amplio valle del Aragón, el pueblo de Tiermas  se erige en vigía del camino sobre una  erguida mesa natural,  testimonio de la vida pasada a la par que objetivo de todas las miradas viajeras.
A trechos, entre los incipientes brotes verdes, los zarpazos erosivos en deleznables estratos horizontales de margas yesosas, el fantasma de un pueblo abandonado, un embarcadero deportivo…, y de repente el valle del Esca, perpendicular a la gran Canal. Como si de un aguijón se tratara, los límites de la provincia de Zaragoza penetran en el valle por donde trajinaron tantos y tantos almadieros, gancheros especializados en el transporte de troncos desde las navarras tierras de Burgui, Roncal,  Isaba…, hasta el río Aragón y después hasta el Ebro.
Al final del embalse  los campos de cultivo se expanden intermitentes a  orillas de la corriente del río. Al paso, pedregosos lechos de barrancos, zigzagueantes bad-lands y el curso del Veral. Al fondo, destacando sobre la llanura cereal la estampa señera de Berdún, imagen altiva que recuerda la de la visitada Tiermas.

De estructura alargada, apiñada y defensiva, Berdún se acomoda a la elevada topografía tabular. Perviven recias casas, algunas con escudos y portadas de arcos de medio punto que hablan de un pasado nobiliar; probablemente también de épocas de economía más floreciente, preferentemente ovina.
En la encrucijada de Puente la Reina de Jaca, abandonado el pasillo longitudinal y a contracorriente del Aragón Subordán se llega  hasta Hecho, capital del valle. En medio de paisaje abierto y praderías que acaban en laderas de matorral y  espesos bosques, la singular población cautiva por uniformidad, cuidada estética y aire de especial nobleza. Pétreas y robustas viviendas sin medianías, pendientes tejados a dos y cuatro aguas, tejas planas,  pesadas y prominentes chimeneas que se elevan como protectores falos en las esquinas de las construcciones, balconadas cubiertas de flores, conforman un conjunto de inusitada belleza, pleno de luz en esta mañana de primavera. Ni las recientes construcciones, fruto de nuevos servicios, restan un ápice de elegancia a la villa chesa. Al fondo, las cumbres nevadas de Peña Forca magnifican la escena de esta histórica villa de realengo que figura en los orígenes del reino de Aragón; aquí nació Alfonso I, el Batallador y de aquí salieron sus fieles guardianes chesos en las conquistas.  Siglos antes de que ello sucediera, el hombre que ocupó estas tierras, dejó su impronta en primitivos asentamientos, dólmenes dispersos y más tarde en la vía de comunicación pirenaica que cruzaba el Puerto de Palo de la que aún quedan restos visibles.
Al aire libre, una curiosa exposición escultórica, loable iniciativa de un pueblo que añade valor al rico patrimonio natural y cultural que posee. Dentro de una cultura propia no hemos de olvidar la peculiar lengua chesa y la riqueza etnológica donde la vestimenta ocupa lugar destacado.
A poca distancia de Hecho se localiza Siresa. Un alto en el camino nos permite revivir el caserío y la robusta construcción de la iglesia del antiguo monasterio de San Pedro de Siresa. Dicen que fue una creación carolingia del conde Galindo Aznárez en el siglo IX y que en los albores de la Baja Edad Media jugó un papel importante en la vida del viejo reino de Aragón. El Batallador fue educado en el lugar y él mismo le confirmó grandes privilegios a principios del siglo XII, época en la que se construyó la actual iglesia.
Entre verdes campos, jalonados de bordas pirenaicas, se llega hasta la impresionante foz de la Boca del Infierno cuyo  nombre no sorprende si hacemos caso a las condiciones meteorológicas que imperan en ocasiones desde la lóbrega angostura hacia la Selva de Oza.  Hoy es un día bien distinto; luce  tibio sol, el cielo es de azul intenso y la luz llega hasta el fondo del abismo.

Traspasada la angostura, poco a poco, las verticales paredes dan paso a un paisaje más abierto de  pedregosas pendientes donde hayas, pinos y abetos de estilizados troncos compiten a la búsqueda  de la luz. Cuando acaba el bosque, las  elevadas cumbres blancas parecen tocar cielo.

A mis pies fluye el Subordán impoluto en melodiosa sinfonía entre cantos mil veces pulidos por la eterna corriente y…, al compás del inmortal fluir, vaga la mente henchida de felices recuerdos, de historias lejanas en esta idílica atmósfera donde como si el tiempo no hubiera transcurrido se escucha el mismo sonido de las aguas, se perciben las personas de antaño, surgen las imágenes en claro espejo esmeralda y la naturaleza toda envuelve el pasado en el presente.
...
 Las horas han sido intensas y el cuerpo pide reponer fuerzas. ¡Y qué mejor que ir a Siresa y degustar un buen ternasco en el Castillo d´Acher! Dejamos para otra jornada volver al Blasquico de Hecho y tomar de nuevo los ricos crepes de setas…

Joaquín Berrocal Rosingana.

sábado, 16 de febrero de 2013

RUTA SENDERISTA


                      

CAMINO DEL ASENTADERO – BOSQUE DE LOS ESPEJOS

La Asociación Charra de Alojamientos de Turismo Rural organiza una nueva ruta senderista para propietarios y alojados. Tendrá lugar el sábado  2 de marzo a partir de las 11:00h; comenzará en la localidad de San Martín del Castañar, pasando por Casas del Conde y Sequeros.


Después de la ruta, comeremos juntos en el Mesón de San Martín (15€ por persona)

Quienes deseen asistir a la comida deben comunicarlo antes de día 28 de febrero (629-853129 Teresa)

 Ruta muy completa en la que además de aprovechar los recursos paisajísticos y naturales de los robledales y castañares, disfrutaremos de siete creaciones artísticas enclavadas a lo largo de todo el recorrido, ya que esta es una de las rutas de “Arte en la naturaleza”.Un atractivo más que añadir a este sendero es que une dos localidades serranas declaradas “Conjunto Histórico-Artístico”: Sequeros y San Martín del Castañar.
Parte de la ruta aprovecha el “Camino del Asentadero de los Curas”(tramo del GR-184) en el que ya existían otras obras de arte en la naturaleza.

Se trata de una ruta circular que se realizará en el sentido de las agujas del reloj y cuyo tiempo estimado es de  tres horas quince minutos.

www.salamancarural.com 


jueves, 7 de febrero de 2013

TIEMPO DE MATANZAS Y POTAJE



Hace tiempo que publicamos esta receta en nuestro blog. Ahora que en San Esteban se están sacando las recetas tradicionales traemos esta de nuevo a colación.

TIEMPO DE MATANZAS  Y POTAJE:

En San Esteban de la Sierra, desde principios de noviembre, allá por San Martín (1), hasta avanzado el invierno, después de San Antón y Los Mártires (2), se venían realizando las matanzas al estilo tradicional con celebraciones de nada menos que tres días. Eran las jornadas de mata, matanza y chorizos.

Entre los diversos platos había uno muy consistente y que solía tomarse para el desayuno (almuerzo) del segundo y tercer día. Este plato laborioso en tiempo, rico al paladar y muy contundente es el que denominamos potaje (nada tiene que ver con el de Cuaresma o el que se realiza en otras zonas con verduras, legumbres etc.)

El potaje de la matanza requería de un recipiente de barro zamorano, caldero de hierro, sartén, cedazo y cucharón de madera para la preparación. En el primero se preparaba la “compostura” con manteca de lomo o chorizo de olla, ajos machados, cominos y laurel. Después se añadían sopas de pan reposado y agua hervida.

En el caldero de hierro se cocían las patatas, lavadas y sin pelar. Una vez cocidas y sin piel se pasaban por el cribo o el cedazo.

En la sartén se llevaba a cabo la segunda “compostura” con ajo, pimentón y grasa del lomo. El pimentón podía ser dulce o picante.

Posteriormente se mezclaban todos los ingredientes y con el cucharón se movía insistentemente en la olla zamorana de dos asas hasta conseguir la textura deseada.

Y tras la preparación femenina, ¡a comer toda la familia!

¡Si alguien tiene ánimo para tales celebraciones y degustaciones, aquí tiene la receta!

Para mayor información sobre la matanza tradicional en San Esteban de la Sierra,

http://www.fuentesdeabajo.com (publicaciones) y


1-      “Por San Martín se mata el gorrín”.

2-“Por San Antón y los Mártires estate en casa aunque de pan no te hartes”

lunes, 28 de enero de 2013

TARDE DE PASEO

TUMBA INCONCLUSA


TUMBA DE 1,80 POR 0,55 Y 0,40 DE PROFUNDIDAD

AQUÍ, ENTRE  PEQUEÑOS ROBLES, SE ESCONDE UN LAGAR CON PILA MAYOR DE MÁS DE DOS METROS DE LONGITUD.

MACIZO CENTRAL DE GREDOS.

 QUITAMERIENDAS

SIERRA DE BÉJAR

SIERRA DE BÉJAR

CRUZ DEL MONTE Y SIERRA DE BÉJAR

PILAR DEL BARDAL
Excelente tarde para pasear, visitar lo ya conocido, descubrir nuevas huellas de nuestra pasada Historia, charlar amigablemente en distintos lugares del camino con Juanjo y Miguel, beber vino de la bota con la familia Montero y disfrutar de las bellas perspectivas de las cumbres nevadas.

miércoles, 16 de enero de 2013

SAN ESTEBAN DE LA SIERRA: RUTA DE LOS LAGARES RUPESTRES

LA RUTA DE LOS LAGARES RUPESTRES EN EL BLOG DE www.verema.com








PAISAJES CON HISTORIA: PAJAR QUEMADO E HITUERO

PAISAJES CON HISTORIA: PAJAR QUEMADO E HITUERO.
Desde el mojón natural de la Peña del Hituero hasta las proximidades del dique de la Zorrera y desde los difusos límites de Rachón, Matón Lobero y Fresnitos hasta la Pinosa y regato del mismo nombre, se expande una ladera orientada al mediodía de irregular orografía, suave declive en la parte superior, pendiente acusada después, cóncavas cuestas, discontinuos y abundantes afloramientos rocosos, abigarrado tapiz vegetal y una ingente  secuencia de paredones que denotan el secular trabajo y explotación de la cálida vertiente.


Es probable que estas tierras de adusta externa fisonomía, gracias a otras condiciones naturales,  fueran ocupadas por el hombre desde tiempo inmemorial. La abrigada orientación, el abundante roquedo que en parte serviría de cobijo, la presencia dispersa de fuentes, la posibilidad de la recogida de frutos silvestres y con seguridad el recurso de la caza, pudieron ser razón de afincamiento y aprovechamiento humano. Más tarde, la agricultura de subsistencia y la ganadería contribuirían a la conquista  del territorio de forma gradual, conquista que con avances y retrocesos y olvido a veces de la obra de los  predecesores, culminaría en la segunda mitad del siglo XX.


En las últimas décadas del pasado siglo, el conquistado territorio producía en abundancia uva de calidad, excelentes frutos, cerezas, higos, melocotones, castañas, manzanas… y mantenía pequeños huertos esmeradamente cuidados  en los que se cultivaba de todo. Salvo los más inaccesibles pedregales, en medio de los cuales crecía el bosque y el matorral, las típicas “marrás” para las cabras, era tierra abancalada, artificialmente ganada a la naturaleza y estupendamente protegida. Hubo tiempos en los que ni un palmo de terreno útil quedó ajeno al control humano y esmerada atención que tan delicada  geografía exigía. Estrechas, serpenteantes y empinadas sendas comunicaban las exiguas parcelas. Hasta allí llegaban hombres y bestias de carga con el instrumental necesario para realizar las labores. Desde allí descendían las caballerías cargadas con los banastos de uvas u otros frutos por abismos que la incesante y necesaria labor humana reparaba en pro del mantenimiento de un paisaje, protección de sus animales y su propia subsistencia. La necesidad obligaba a la sostenibilidad; no hay duda, era garante del cotidiano sustento.


Ante la carencia de fuentes escritas que hablen de este paisaje y sus gentes es necesario recurrir a la historia vivencial de los últimos tiempos, a la lectura visual, estética y emocional y a la analítica e interpretativa a través de diferentes indicadores.
Conocemos la dura existencia y sinsabores  del pasado siglo, cuando la tierra era escasa, las bocas que alimentar muchas y cuando  se presuponía que se había llegado al techo de la conquista. Para sorpresa del habitante del siglo XX, allí había impronta humana en lugares inverosímiles que no podía interpretar y que difícilmente podía relacionar con los cultivos que él introducía. Hubo un tiempo, sin duda lejano, en el que el hombre eligió rocosos y complicados escenarios para su actividad y como siempre que se elige un lugar existe alguna razón. ¿Fue una especial querencia humana por aquellos miradores y solanas, superpoblación relativa, el mejor de los sitios para determinado cultivo y forma de laborearlo, el área más cercana y con mejores condiciones para la posible comercialización…?   No lo sabemos a ciencia cierta. De lo que no hay duda es de la existencia de indeleble huella, unas veces en zonas explotadas para el cultivo durante el siglo XX y otras en terrenos solamente aptos para las cabras.


Cuando contemplamos el hosco y a la par atractivo paisaje  nos preguntamos si  la seducción que sentimos, visual, estética y emocional pudo sentirla en algún momento el habitante primitivo. Seguramente, el viejo poblador vio cada día los más bellos amaneceres entre las sierras del naciente y los vaticinadores ocasos observando las montañas de la Sierra de Francia, recreó la vista en las grandiosas  perspectivas de  ambas sierras y admiró a su forma  la estética de los roquedales, de las peñas caballeras, de las grandes bolas de granito, de las bravías y agrestes pedreras, de los madroños y robles aferrados a la roca, de la inaudita belleza del lirio solitario, del brote tierno del roble, del pálido amarillo del narciso, del color de primavera que inunda de perfume la tierra,  del encendido otoño de contrastados colores, de los días azulados y los otoñales días de nieblas sobre cumbres y laderas.¿ Fue así… o nuestros antepasados solamente pensaron en la subsistencia? Es difícil conocer cuáles fueron sus sentimientos y creencias; es más sencillo conocer la herencia que ha quedado impresa en piedra.



La herencia de siglos de existencia son los cientos de bancales en gran parte arruinados en la actualidad, los caminos perfectamente deslindados que cubre la maleza, los restos de corrales y casetas, las piedras de presumibles circulares chozos o viviendas, los hitos de antigua propiedad, la vieja y frustrada minería de la Peña, las pozas y fuentes de las que se han adueñado juncos, zarzas y saucedas, la diversidad de lagares y no olvidemos, la más subyugante naturaleza.


A pocos kilómetros de la zona en cuestión discurrió la Ruta Tartésica, más tarde la conocida Ruta de la Plata y es sabido que los pueblos prerromanos, entre ellos los vettones, tuvieron contactos con otros pueblos del sur influenciados por el Mediterráneo. No sería descabellado pensar, hay quien ante las imágenes sitúa algunos de los lagares en época prerromana,  que estas tierras fueran en aquellos tiempos ocupadas y que poco a poco desarrollaran casi un monocultivo a la vista de sello tan extendido.
No faltan interrogantes acerca de estos paisajes. Es sabido que Hituero  significa hito, mojón o límite y que en el lugar se encuentra vieja minería que pudo ser iniciada en época romana. También es sabido que en este lugar en el siglo XIV se cazaba el oso pero hay quien se pregunta si no sería anteriormente límite entre tribus primitivas, si no sería el mojón entre los Reinos de Castilla y León  como lo es entre las Sierras de Francia y Béjar y entre municipios de una y otra comarca.  
A estas alturas del siglo XXI, tras escudriñar tan humanizado paisaje y descubrir  los vaivenes históricos en el mismo, nos preguntamos si la fase de destrucción, iniciada en las últimas décadas, seguirá por estos derroteros o si algún día la nueva sociedad volverá a obtener fruto de la tierra que hoy se abandona.

Ante el voraz avance de la naturaleza que, oculta tantas y tantas huellas, no queremos dejar pasar la oportunidad de mostrar en imágenes algunos de los bellos recursos que aquí se encierran. Son parte de trabajo en elaboración y a la espera… 
Joaquín Berrocal Rosingana.