sábado, 30 de julio de 2022

PASEAR LA VERA...

 

Al sur de la Cordillera Central,  “osamenta pétrea que divide las mesetas”, hay lugares donde  el clima saludable, cielos azules, verdes bosques, pastizales y roquedos, gargantas de virginales aguas y rocas mil veces moldeadas,  pueblos y cultura, crean una atmósfera idónea para el disfrute de los sentidos

Pasear por  pueblos de atractivos rincones engalanados de vistosas flores, contemplar sus paisajes de cercanía, divisar lejanas perspectivas, disfrutar las  aguas de las numerosas gargantas, ver cultivos de frutales, pimientos o tabaco, visitar  monumentos emblemáticos (Yuste, iglesias monumentales, palacios, Parador Carlos V, la arquitectura  sin arquitectos que dijera Don Miguel…) es solaz para el espíritu.































domingo, 19 de junio de 2022

DONDE MEDRA LA MONTÉS

 Sobre las elevadas cimas de la dura cuarcita y pastizales de altura, entre los grandes canchales que la ocultan, en las increíbles pedrizas por donde se desplaza, entre las verdes frondas y limpias aguas, asomada al vacío, en solitario o en manada, la Capra pyrenaica, la montés, medra en los hermosos paisajes de la Peña, Batuecas y áreas aledañas. 



















viernes, 3 de junio de 2022

MONOLITOS EN EL CAMINO

 

MONOLITOS EN EL CAMINO.

Escribía P. César Morán en la Reseña Histórico-Artística de la Provincia de Salamanca, 1946: “En San Esteban de la Sierra hay un puente que da paso al Turuñuelo, palabra toponímica que indica un dolmen, no hallado hasta la fecha. Por el mismo puente se pasa para ir a Valero por un camino prehistórico”.



Aunque a continuación escribe acerca de la ubicación de Valero, su antigua pertenencia a los Duques de Béjar, puentes, carretera y arcaísmos… ¿realizó  César Morán el camino o simplemente atisbó el inicio del mismo, la senda ascendente, los ciclópeos bloques protectores arrancados a la montaña, las paredes, empedrados y cortes de agua?






Poco más adelante dice: “Desde San Esteban ascendemos a San Miguel y proseguimos por entre amenos bosques de robles hasta Linares de Riofrío”.

¿Si  en algún momento el observador César Morán hubiera realizado  el ancestral camino y contemplado el insólito paisaje de  agricultura heroica donde la dura roca sostenía el ocre escuálido suelo de vid, olivo, pobres frutales, reducidos huertos y matorrales sustento del caprino, no los hubiera descrito a tenor de la gran sensibilidad que le caracterizaba?






Con seguridad,  César Morán habría apreciado la grandiosa estética de la interminable escalinata serpenteante  desde la orilla fluvial hasta la senil cima, la estrecha vereda, el multicolor paisaje de roca y líquenes, flores y árboles diversos, el canto de la aguas entre teclas de pizarra, los granitos transportados desde kilómetros a las Majadas y cómo no, los sorprendentes monolitos al borde del camino.

Si el itinerario todo es sorpresa en cada recodo, en ascensos y descensos, en perspectivas…, el conjunto de ciclópeas rocas concentradas no deja indiferente al viandante. ¿Si César Morán hubiera transitado por aquí, le hubieran pasado desapercibidas?




Al observador que desconoce a ciencia cierta su significado le surgen preguntas de difícil respuesta. ¿Por qué  estas formas no se ven en ningún otro lugar del camino? ¿Son naturales o de intervención humana? ¿Por qué en este recóndito y hostil  territorio? ¿Formaron parte de construcciones megalíticas, dolmen, hito o santuario de la Prehistoria?




Es indudable que el viejo paisaje guarda muchos secretos entre sus piedras y paredones   y que cada día más, el desarrollo de bosque y matorral, oculta a nuestros ojos la lejana historia de las inhóspitas vertientes de estas sierras,  historia que sería fascinante desentrañar.