viernes, 21 de febrero de 2020

CAMINANTE, SON TUS HUELLAS...


El 22 de febrero de 1939 moría en Colliure Antonio Machado, el poeta español nacido en Sevilla en 1975 que evocaba así aquel lugar:

Esta luz de Sevilla…Es el palacio
Donde nací, con su rumor de fuente…

Es la ciudad de la infancia, el recuerdo de patio, huerto, maduración del limonero y el aprendizaje del Romancero General.

Madrid y la Institución Libre de Enseñanza, Giner de los Ríos, Cossío, lecturas de Bécquer o Shakespeare así como efímera vida de bohemia marcan un período previo al final de siglo, como breves las estancias en París y los retornos al Madrid de  Azorín, Valle, Juan Ramón…

Soria y Leonor, Castilla…, marcan un antes y un después en la vida del poeta que vivirá en Baeza, Segovia, Madrid y ya iniciada la guerra en Valencia y Barcelona antes de llegar a Colliure donde moriría…

“… estos días azules y este sol de infancia…”

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar,
Al andar se hace  camino, 
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

martes, 11 de febrero de 2020

NIEBLA


A veces las circunstancias meteorológicas son un impedimento para el desplazamiento o para el mero disfrute de la naturaleza; es lo que sucede con lluvia, hielo, nieve, nieblas… Otras veces son ingrediente de gran seducción al convertirse en un adorno del paisaje que no suele ser el más habitual.

La niebla, tan molesta para la conducción y el senderismo al dificultar el desplazamiento normal e impedir  contemplar el entorno, es en ocasiones un extraño y bello fenómeno con cambiantes juegos de luz y original vestimenta del paisaje que nos da la oportunidad de ver sus diferentes manifestaciones como nieblas de irradiación, de advección, orográficas…, como elemento vaporoso que aparece y desaparece, que asciende y forma nubes o se transforma en neblina que poco a poco abre sus puertas al sol.


















miércoles, 5 de febrero de 2020

HACIA LAS MERCHANAS



Tras extensos  falsos llanos, en los que hienden sus fauces las aguas que fluyen hacia el Duero; de puzles kilométricos de cercados, cortinales acotados por lajas de granito,  arados unos,  verdes de sembrado otros o  de verde pastizal del vacuno y ovino; de matorrales, robles y encinas de primigenia alcurnia arbórea que invaden el abandonado agro; de caminos delimitados por bellos muros de rocas cubiertas de  grises líquenes y  verdes musgos a cuya vera surgen los innumerables chozos de falsa bóveda;   de desnudos berrocales lamidos por las aguas…, ante nosotros, al otro lado del Camaces, las murallas vetonas que nacen desde las cercanías del río y ascienden hasta la acrópolis. De menor entidad las posteriores obras de la ingeniería romana. Es el CASTRO DE LAS MERCHANAS.

Si no es el mayor de la provincia de Salamanca, ni el mejor conservado, sí es un hito en la vieja historia de la provincia y un lugar donde acogerse el tiempo que sea necesario, máxime en jornadas de agradables temperaturas, cielos azules y ausencia de turistas para poder disfrutar de la paz que transmiten estas tierras de piedras acumuladas, de vegetación colonizadora, del siempre presente rumor de la corriente y sobre todo  del ingente trabajo que se desprende de los colosales muros que nos hablan de la sociedad de hace más de 2000 años. Recorrer el interior murado requiere imaginación para desentrañar el hábitat primitivo y la vida en comunidad. Es tanta la destrucción que en muchos sitios son piedras desordenadas y en otros cercas, que aprovechando el material existente   han servido a sociedades próximas a nosotros para sus actividades económicas. Sorprendente la sabia labor, la reciedumbre y magia de la muralla con varios metros de espesor, de las puertas de acceso, de las piedras hincadas y cómo no, de la figura del verraco apostado en el exterior, quien sabe si como protector de pastos y ganados, elemento disuasorio,  indicador de una actividad que diviniza al jabalí, al cerdo, al toro…

En la Merchanas, paisaje e historia sobrecogen y transmiten múltiples y deliciosas sensaciones, probablemente muy diferentes para cada uno de nosotros pero nunca para dejarnos indiferentes, no  sentir el paso del tiempo, la lejana obra bien realizada, la musicalidad de las aguas, la ilusión de caminar, de respirar y disfrutar la paz de la naturaleza en la que nos encontramos inmersos.









































sábado, 1 de febrero de 2020

SANTA CRUZ DE LA SERÓS



Releyendo las estupendas descripciones de Jean Sermet  de las tierras del pasillo natural del Aragón, rememoramos la Jacetania, los paisajes de margas yesosas, los barrancos, los conos de deyección, las tristes tierras donde crecen los bojes, los enebros y pobres matorrales, la erguida Peña Oroel y los conglomerados de San Juan de la Peña donde en la orientación norteña prolifera un abigarrado y tupido bosque que contrasta con el secarral de las tierras bajas. Y aquí, a no mucha distancia de la carretera que va de Pamplona a Jaca, el pequeño lugar de Santa Cruz de la Serós o de las Sorores. En él dos iglesias que sorprenden por su belleza, antigüedad e historia en el camino que une la Ruta Jacobea con el Monasterio de San Juan de la Peña.

Contemplar la iglesia de San Caprasio es evocar el primer viaje pirenaico, la visita de esta iglesia y otros dos monumentos señeros de la provincia de Huesca, la catedral de Roda de Isábena y el monasterio de Obarra. Es el bello estilo del románico lombardo, el de las fajas lombardas o lesenas, los arquillos ciegos y sencillez decorativa que se prodigó durante el siglo XI y XII por el alto Aragón y Cataluña. Seduce el pequeño tamaño de iglesia de una nave, su ábside de altura muy inferior a la de la nave, el sillarejo desbastado y las lajas que sirven de cubierta como en tantas edificaciones de la región. En su interior alternan la bóveda de arista, con la de medio cañón y de horno en el ábside (Enríquez de Salamanca).

Emociona recordar estos viajes y volver a ver imágenes  de manifestaciones artísticas que tanto impactaron por ser tan distintas a lo conocido, por hallarse en lugares apartados o en núcleos de tan reducido tamaño.

Más compleja es la iglesia de Santa María, vestigio del antiguo monasterio femenino vinculado a la realeza y  nobleza desde sus  primeros tiempos. Sus grandes propiedades y rentas permitieron una obra ingente que entró en decadencia en la segunda mitad del siglo XV.

A diferencia de San Caprasio es obra realizada con estupendos sillares tanto en el exterior como en el interior del templo de cruz latina y bóveda de cañón. Muy interesante  la puerta oeste con el típico crismón y capiteles de fina labra, ligero abocinamiento, decoración de bolos y taqueado jaqués.

Sorprende la altura de la torre con varios cuerpos superpuestos, ventanales geminados y la existencia de una cámara cuya verdadera función se desconoce. Está considerado caso único en el románico.

Después del Concilio de Trento las monjas abandonaron el monasterio para establecerse en Jaca, comenzando desde entonces la ruina del convento cuyas piedras servirían para numerosas construcciones del entorno. En pie se ha mantenido la iglesia gracias a restauraciones.
SAN CAPRASIO

SANTA MARÍA
SANTA MARÍA.

MONTES DE SAN JUAN DE LA PEÑA.
OBARRA Y DESFILADERO DEL ISÁBENA.

CLAUSTRO DE LA CATEDRAL DE RODA DE ISÁBENA.