sábado, 29 de diciembre de 2012

RECUERDOS Y NOTAS DE VIAJE: SOS DEL REY CATÓLICO.


RECUERDOS Y NOTAS DE VIAJE: SOS DEL REY CATÓLICO.

¡Qué interesante panorama el que tengo frente  a mí! He cruzado el puerto de Sos, ochocientos cincuenta y seis metros sobre el nivel del mar y la mirada se recrea en el valle del Onsella, el del Aragón, las sierras de Leyre y las altas cumbres pirenaicas. Atrás quedan las tierras del llano, los horizontes infinitos y las resecas áreas de la Depresión.

De forma gradual entro en la zona de transición botánica en la que los quejigos ocupan gran extensión en las sierras pre pirenaicas que tengo a mi derecha. Mañana  caminaré hacia la España verde, la de los ríos claros y las montañas blancas.

He llegado a Sos, nombre con el que se conoció  este lugar hasta 1924 para después llamarse con el actual de Sos del Rey Católico por haber nacido aquí Fernando el Católico, primer rey de los distintos reinos y territorios de España tras la toma de Granada y la sumisión del Reino de Navarra.
Me he dirigido al Parador. Sopla  un viento hediondo que proviene de la papelera de Sangüesa. En recepción me han dado buena atención y me han asignado amplia y pulcra habitación. Me he acomodado y de inmediato he comenzado a  resumir lo más relevante de la jornada. Tras cena frugal me he ido a dormir. Necesito descansar.

Tras dormir profundamente, la luz del día me ha despertado. Es hora de desayunar y salir a las calles de este bello pueblo. Antes paseo por las galerías del Parador que sostienen pilares de madera y en las que la tranquilidad reina a estas horas de la mañana.

Sos se encuentra a seiscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar en medio de un paisaje de permanentes quebradas que se rompen camino de Sangüesa. Es la suya una estructura alargada, estratégica y perfectamente acomodada a la topografía. Desde distintas perspectivas aparece como un caserío apiñado y ascendente que culmina en la esbelta Torre del Homenaje, por encima de la grandiosa iglesia que lleva el sello del románico. Es la iglesia de San Esteban. ¡Qué bella es su portada y qué atractivo su interior!
Esta urbe, capital de las Cinco Villas aragonesas aún conserva parte de su muralla. No es extraño que fuera plaza fuerte si tenemos en cuenta la importancia que adquirió tras la reconquista del siglo X, la anexión de Ramiro I en el siglo XI al reino de Aragón y la situación de frontera. ¡Cuántas escaramuzas no se habrán dirimido entre esta población y las de la vecina Navarra!

Las calles empedradas, estrechas, algunas sin salida, los arcos, escudos, ajimeces y las robustas construcciones de piedra labrada o sillarejo tendentes a la vertical nos retrotraen al lejano pasado del Medioevo  que algunos emparentan con el mundo musulmán a pesar de ser núcleo cristiano. Bellísimos los soportales, tantas veces recreados en la publicidad, la irregular plaza y el Ayuntamiento de magnífico alero; interesantes en la localidad, la Lonja y el Palacio de Sada; sublimes las perspectivas del caserío y del ámbito circundante desde la Torre del Homenaje.


No hay mucha gente en las calles. Se puede pasear en paz en una agradable mañana de estío.
Junto a la iglesia de San Esteban un ocioso habitante jubilado me explica que Sos había tenido más de tres mil habitantes y que ahora no llegan a mil. Me habla de la enorme presión humana  sobre la tierra a mediados del siglo XX, de los cultivos de vid, olivo y cereal, del abandono de los campos y la emigración a Pamplona y Zaragoza. Me informa del regreso de algunos de los naturales y de la rehabilitación del pueblo, de las personas adineradas que se han afincado, de las elevadas subvenciones y del turismo que no cesa en los fines de semana y vacaciones. “Sos no era así; ahora está más adornado, con flores en muchos rincones de la población y fachadas de las casas, más limpio y cuidado en todos los sentidos”.

Los cincuenta kilómetros de Pamplona y los poco más de ciento veinte de Zaragoza hacen que Sos, escaparate pre pirenaico, atraiga al turismo de retorno y al ajeno que sabe de su belleza y las buenas infraestructuras. Estupenda puerta la de Sos para iniciar viajes y excursiones por los pirenaicos valles de Navarra y Huesca.

Recorro calles y plazas, vuelvo sobre los pasos dados y no me canso de mirar la inefable atracción que estética e históricamente tiene la localidad.
Alrededor del mediodía las calles y bares se animan, los turistas miran, enfocan sus cámaras y captan imágenes para el recuerdo.

Voy camino del aparcamiento y siento que en breve dejaré atrás un núcleo singular, que marca huella en el viajero e invita de nuevo a visitar.


jueves, 13 de diciembre de 2012

RECUERDOS VIAJEROS Y NOTAS DE VIAJE: EL MONCAYO


RECUERDOS VIAJEROS Y NOTAS DE VIAJE: EL MONCAYO.
El tiempo va pasando y cada vez los viajes resultan más escasos. Ante la ausencia de los mismos nos conformamos con releer  lo escrito, ver de nuevo las olvidadas diapositivas, recordar tiempos pródigos en viajes y lugares de soberbia naturaleza y cultura.
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Entre las cumbres y sierras del Sistema  Ibérico, ninguna tan carismática como esta del  Moncayo, ninguna tan recreada por los hombres de letras, desde Marcial al Marqués de Santillana, Galdós, Leicester, Bécquer, Machado...

Con sus 2316 metros se eleva por encima de Urbión, La Demanda o Cebollera. Supera igualmente las Muelas de Albarracín, Javalambre, Gúdar o el Maestrazgo. Emerge con sus seniles formas, redondeces de vieja geología, entre la Depresión y la Meseta. Se yergue majestuoso y fronterizo entre Aragón y Castilla, entre la vieja historia de los reinos de Hispania.

Cubren sus laderas bosques de encinas, robles, pinos y hayas, naturaleza bravía y fresca que alivia los rigores del estío y convierte el Moncayo en cotizado oasis de ocio para navarros, aragoneses, riojanos y castellanos, amén de los que llegan de más lejanas tierras.

La Dehesa del Moncayo, Parque Natural de unas diez mil hectáreas, sirve de cobijo a jabalíes, corzos, desmán, águila real, alimoche y variadas rapaces.

Este paraíso paisajístico sufre, sin embargo, las embestidas de la actividad especulativa-recreativa del turismo, urbanizaciones y masificación ruidosa y depredadora que ponen en peligro estas sierras, símbolo de la “montaña sagrada”.

VIAJE:
Es una mañana de julio. El viajero ha madrugado. Salió de Salamanca muy pronto y a eso de las nueve comienza la conquista de la cima. Es la primera vez que intenta llegar hasta el final. En otras ocasiones se ha conformado con subir hasta la Virgen del Moncayo, recorrer bosques y veredas, beber las aguas que brotan de la madre tierra, contemplar la cambiante faz moncaína, visitar el nacimiento del Queiles, Veruela, Tarazona…

El caminante, ligeramente entumido del viaje, toma la senda de la cumbre. Espera encontrar el ritmo adecuado y disfrutar caminando y observando, como en otras ocasiones. El esfuerzo físico no impedirá embeberse de paisaje, de Historia y de leyenda.

Ante los ojos, la pesada solidez de la montaña, las formas romas dominantes, las pedrizas y la impronta decrépita del glaciarismo cuaternario. Ante los ojos, los pinos dispersos, doblados por el viento o achaparrados por los rigores del invierno ponen la última nota arbórea cerca del circo glaciar de San Miguel.

El camino se endurece con rampas durísimas y material deleznable. La sed acucia y los caminantes se ofrecen sus cantimploras. Ya no hay fuente que pueda saciar la sed senderista. Entonces el viajero piensa en la cantidad de manantiales que pueblan la Sierra. Recuerda haber leído que estas aguas eran consideradas como una bendición por los romanos y que ellos las tenían como las mejores de Hispania para templar el hierro de sus espadas. También recuerda fuentes y lagos misteriosos, propios de leyenda, como la fuente de los Álamos, “en cuyas aguas habita un espíritu del mal”. Es la leyenda soriano –becqueriana de los Ojos Verdes, preciosa historia donde el joven Almenar, Fernando de Argensola,  quedó hechizado por los ojos verdes de la enigmática mujer que habitaba en sus aguas: “todo allí es grande-escribe Bécquer. La soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu de su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre”.

La mente del viajero vaga por otros manantiales y lugares para recalar en la fuente y la gruta de los gnomos, en la historia del pastor y los relatos del tío Gregorio en  otra de las leyendas becquerianas: “ Cuando el Moncayo se cubre de nieve, los lobos, arrojados de sus guaridas, bajan en rebaño por su falda y más de una vez los hemos oído aullar en horroroso concierto, no solo en los alrededores  de la Fuente, sino en la misma calle del lugar; pero no son los lobos los huéspedes más terribles del Moncayo. En sus profundas simas, en sus cumbres solitarias y ásperas, en su hueco seno, viven unos espíritus diabólicos que durante la noche bajan por sus vertientes como un enjambre, y pueblan el vacío y hormiguean en la llanura, y saltan de roca en roca, juegan entre las aguas o se mecen en las desnudas ramas de los árboles…”

La conquista de la montaña sagrada colma y resarce de esfuerzos y sudores. El espectáculo para la vista y el espíritu es grandioso: Urbión, Somosierra, las Ibérico-Levantinas, los Pirineos en días claros…A los pies, las tierras de Aragón, La Rioja, Navarra y Castilla. Bajo la mole ingente: Ágreda, Ólvega, Trasmoz, Vera, San Martín del Moncayo…

No es extraño que esta severa y sólida figura se haya convertido en signo y símbolo para cada uno de los habitantes de la región. El monte sacro es mirado como Dios benefactor o colérico, guardián de ocultos poderes, distribuidor de las aguas, de los fríos y las tormentas.

Su fisonomía cambiante ha hechizado a propios y extraños. Tan pronto se cubre de veste de seda y algodón como arropa su desnuda cabeza con toca blanca. En primavera tardía, el verde de los hayedos ciñe su cintura; en otoño, su ropaje es multicolor: verde, ocre, rojo, amarillo, marcescente…A veces un luctuoso atavío, refulgente y atronador, manifiesta el poder amenazador de Zeus.

El viajero descansa sobre el vértice geodésico mientras deambula visual y mentalmente. De sus soledades y éxtasis de paisaje vienen a sacarle un variado grupo de senderistas. El mayor es el jefe de la expedición. Explica mirando en todas direcciones y el grupo sigue atento a cuanto este entendido montañero dice.

Llegados al lugar donde se encuentra el viajero se saludan y entablan conversación. Poco después el grupo tiene un miembro más. Juntos caminan entre los guijarros y toman fotografías; hablan sobre Ólvega, sobre el Araviana y los Siete Infantes de Lara, el Queiles, sobre Veruela, sobre los turistas del Moncayo, sobre las brujas de Trasmoz…

Al rato, en la montaña divinizada se celebra una ceremonia para iniciados. Todos siguen los dictámenes del montañés mayor  que, investido de los poderes de “Obispo del Moncayo,” va consagrando y armando caballeros a cada uno de los presentes con las siguientes palabras:
“Tú eres aquí un altísimo neófito, y yo soy aquí el obispo moncayatino; recibe de mis manos el acuático, bautismo celestial en rito gótico. Te debo recordar, homo bucólico, en la cumbre del monte mayestático, fueres soriano, hispano o euroasiático, que eres ya por mis aguas Pelendónico. En nombre de este padre “Granibérico”, y en el nombre del hijo, Queiles-Fluvio, y del espíritu que es el aire circérico, no tirites en marzo, ni sudes mucho en Julio. El agua de estas nieves, con que bautizo, te libre de ponzoñas por los siglos, amén.”

Así, los siete neófitos montañeros, fuimos armados “Caballeros del Moncayo” en la mañana del 13  de julio de 1991.

Como colofón de tan sublime momento se reparten viandas entre todos. Son abundantes y variadas. Se brinda con vino especial.

El retorno por el camino andado se realiza con calma. Abajo, en las fuentes de San Gaudioso esperan familiares del singular conjunto. Se suceden presentaciones y saludos y una comida campestre a la sombra del bosque.

Mediada la tarde y tras una satisfactoria jornada  el viajero no tiene más remedio que partir. Se despide de las nuevas amistades con las que acuerda  reencontrarse de nuevo  y se dirige  a Sos del Rey Católico donde espera tomar las notas de viaje y descansar en el Parador Nacional.

Al viajero le esperan días de intensa labor y disfrute, desde Sangüesa, Leyre, Roncal, la Canal de Berdún, los valles del Aragón Subordán y del Veral, Torla y Ordesa…

martes, 4 de diciembre de 2012

¿DÓNDE SE HALLA EL PARAÍSO?


“Hace más de una década recorría durante varios días áreas de la Costa del Sol y zonas  del interior andaluz.  A la par que disfrutaba de buena compañía, la excelencia de algunos paisajes  y bellas localidades tomaba diapositivas y analizaba la vorágine que invadía el litoral.

Ha pasado el tiempo y el artículo que entonces escribía acerca de los vaivenes y la barbarie infraestructural sigue estando de actualidad y cómo no, la idea de verdadero paraíso terrenal que esta porción peninsular encarna para buena parte de la gran marea del ocio...”

¿Dónde se halla el “Paraíso”?

En el confín occidental del Mare Nostrum, Mediterráneo Andaluz, se extiende una de las regiones más fascinantes de nuestra geografía, un edén histórico que fruto de  los vaivenes humanos cambia de fisonomía constantemente sin perder el hálito paradisíaco  aunque algunos de sus elementos intrínsecos  se hayan visto profundamente trastocados.  Es la franja costera que, desde Almería hasta Gibraltar, recibe genéricamente el nombre de "Costa del  Sol", la gran solana protegida por el Sistema Penibético y abierta hacia el cálido y luminoso Mediterráneo.

Podríamos pensar que esta costa abrupta, de paisajes tostados, muchas veces calcinados bajo el implacable sol, es un descubrimiento exclusivo de la moda turística posterior a la II Guerra Mundial, sin embargo, el poder de atracción de estos escenarios es muy lejano en el tiempo. Las viejas civilizaciones mediterráneas, del Oriente Medio y del norte de África, así como pueblos europeos más próximos en el tiempo sintieron la seducción del marco geográfico que integran el mar, las tierras escalonadas para el cultivo, las montañas manantial de agua y minerales y el cielo recortado sobre las sierras, propiciador de  bonanza climatológica donde el sol, permanente riqueza, no ha extinguido su luz ni calidez a lo largo de los tiempos.

Nada podían sospechar los viejos pobladores, ávidos de tierra para  el cultivo, la explotación marina y el comercio, de las actuales motivaciones de  las masas del  ocio. Es difícil que pudieran entender que mares y tierras, garantes de  las necesidades primarias, llegaran a convertirse en escenario de recreo.

De cuantas invasiones ha soportado el mediodía andaluz ninguna tan multitudinaria ni tan pacífica, ninguna tan deseosa de alcanzar el paraíso en el "más acá", sin esfuerzo, sin tener que pensar en el dios de las cosechas ni en  las tempestades marinas. Ninguna invasión tan fácilmente asimilada por la idílica atmósfera que tiñe lo andaluz; ninguna ha captado tan profundamente la milenaria "cultura andaluza" de la que habla Ortega, esa cultura en la que los andaluces han hallado la ecuación perfecta para resolver el problema de  la vida. Las mareas del ocio hallan aquí el ambiente adecuado para hacer de  "la evitación del  esfuerzo principio de su existencia".

En pro del  bienestar de los nuevos invasores el espacio ha trastocado sus funciones y la Costa del Sol ha dejado de  ser parte de lo que era: un mundo que vivía de  la pesca, los cultivos mediterráneos o subtropicales, la minería de sus montañas y la exportación de  productos agrícolas, textiles o minerales. Hoy es fundamentalmente "tierra urbanizada bajo el sol y agua y arena bajo el sol", monocultivo industrial que mueve los engranajes económico -sociales de  la nueva vida, creada más para el ocio y el solaz que para la producción de bienes primarios. Atrás han quedado muchas y ricas explotaciones salinas, industrias de salazón, curtido de pieles, campos de vid, olivo, cereal o algarrobo, secaderos de pasa  moscatel o de higos enristrados. Bajo el mismo sol de maduración y secado ahora se tuestan los cuerpos de media Europa y otros muchos de  dispares procedencias; junto al mismo mar crecen los inmuebles donde conviven las lenguas, las razas y las edades de los nuevos ocupantes del paisaje mediterráneo.

En pro del  bienestar de la nueva sociedad las infraestructuras crecen sin límites, las viarias, residenciales, deportivas...... En muy poco tiempo todo resulta pequeño y escaso.

Perdido  el miedo al invasor, ya no se esconden los pueblos de  la mirada del corsario ni del  pirata berberisco. Ahora crecen los pueblos con bloques pantalla o torres de apartamentos y, cascadas de  urbanizaciones cubren las laderas con el inmaculado blanco de los pueblos mediterráneos, construcciones muchas veces de  dudosa calidad y estética pero, al fin y al cabo, el fruto de los tiempos de  precipitación, abaratamiento de costes y especulación y, por qué no, de los ideales de la marea turística que sueña con un lugar bajo el sol.

En pro del bienestar de los nuevos habitantes, la imagen de verdes jardines irrigados, árboles y flores exóticas, inundan un paisaje humanizado donde el rumor de  las aguas en  fuentes artificiales trasvasa y domestica elementos y sonidos de la salvaje naturaleza. Abundantes piscinas, espejos de la nueva cultura, no ya preciado bien de campos de cultivo, refrescan del  tórrido calor y hacen más gratas las tardes estivales. Los campos de golf, esponjas  insaciables  de  suelos mullidos, trasladan a esta geografía lo más cuidado y artificial del ambiente húmedo norteño para recreo de una élite social. Nada falta en este ámbito de ocio; innovaciones y añadidos de otras culturas muy pronto se  fusionan en pro de lograr la mayor comodidad y libertad

Los nuevos dueños del  mediterráneo andaluz ya no cuentan exclusivamente con los paraísos de agua, sol, paisaje, precios...... Aquí los paraísos son tantos como personas transitan o residen. Son demasiados los paraísos terrenales y personales, encarnados en naturaleza, lujo y ostentación, juego, moda, fiestas nocturnas, blanqueo de dinero...... En este oasis de elísea atmósfera cada vez son más los que se  afincan y gozan de la felicidad terrenal. Por eso, cuando las voces se  levantan ante la vorágine urbanística y viaria, ante el consumo de agua en las urbanizaciones y campos de  golf y ante la pérdida de identidad paisajística y cultural, otras voces responden, sin pensar en otras gentes, sin pensar en la naturaleza envilecida ni tampoco en las generaciones que vendrán que, a pesar de los pesares, aquí han hallado su  paraíso personal.

 www.fuentesdeabajo.com  



sábado, 24 de noviembre de 2012

PRESENCIA DE SAN ESTEBAN DE LA SIERRA EN INTUR 2012

PRESENCIA SE SAN ESTEBAN DE LA SIERRA EN LA FERIA DE INTUR 2012.

Intervienen el Excmo. Sr. Alcalde Antonio Agustín Labrador Nieto y Joaquín Berrocal Rosingana.

Buenos Días y Bienvenidos Amigos y compañeros de INTUR 2012. Agradecer en primer lugar al Patronato Provincial de Turismo de Salamanca su espacio para nuestra exposición.

Desde un pequeño municipio Salmantino de la Sierra de Francia que sirve como entrada a la Reserva de la Biosfera de Sierras de Béjar y Francia queremos daros a conocer la riqueza paisajística de la región junto con su Historia Vitivinícola que hacen de esta Ruta un sendero para recorrer la Historia y dejar  huella en San Esteban de la Sierra, Pueblos de la Sierra de Francia y Salamanca…

Gracias al Grupo de Acción Local Adriss,  a la  Excma Diputación de Salamanca y Ayuntamiento de San Esteban de la Sierra os enseñamos un aroma especial que se hace respirar por estas tierras Salmantinas con esta Ruta de “Los Lagares Rupestres”

A continuación cedo la palabra a D. Joaquín Berrocal Rosingana como creador ideológico e investigador de los  Lagares que se pueden observar en nuestro municipio.


En Valladolid a 23/11/2012.





SAN ESTEBAN DE LA SIERRA: “RUTA DE LOS LAGARES RUPESTRES”
Buenos días, bienvenidos a la presentación de la “Ruta de los Lagares Rupestres” y gracias a la Diputación de Salamanca por habernos concedido este espacio.
CARACTERÍSTICAS DEL TRAYECTO:
La recientemente inaugurada “Ruta de los Lagares Rupestres” es una ruta circular de aproximadamente doce kilómetros, unos trece si se realizan los diferentes desvíos alternativos. Recorre varios pagos del municipio de San Esteban de características bien diferenciadas que el público podrá apreciar tanto desde el punto de vista físico como cultural.
Discurre a través de amplia pista, fácil de recorrer ya que el desnivel que se salva no llega a los 300 metros con pendientes generalmente poco acusadas. Podría calificarse de dificultad media-baja.
La ruta está perfectamente marcada con postes indicadores y paneles informativos sobre recursos del itinerario. Por otro lado, en la web creada para la ruta, www.sanestebanrutalagares.com , se dispone de las nuevas tecnologías para que cualquier persona tenga información previa y pueda hacerla sin problema.
El itinerario puede realizarse a pie, en bicicleta, en animales de herradura o en vehículos todo terreno. Es aconsejable recorrerlo a pie para un mayor disfrute del conjunto de recursos.
Cualquier época del año es buena para acercarse a la zona si bien el otoño y la primavera son los períodos más llamativos.

PRINCIPALES RECURSOS:
Lo primero que el viajero va a apreciar es un territorio muy humanizado, parte de él bien conservado, otro arruinado que guarda el sello de la pasada Historia y un tercer ámbito geográfico donde surge el paisaje natural aunque haya sufrido tiempo atrás la impronta del hombre.
Entre los recursos naturales cabe mencionar la agreste morfología, perceptible conforme se camina y desde los miradores creados al respecto, las atractivas formas de erosión de los granitos, de los diques de cuarzo o de las más distantes pero visibles redondeces de las pizarras metamórficas. Hay singulares bosques de roble melojo, áreas de castaño, cerezo silvestre, fresno y un abigarrado matorral de plantas de distinto porte. Muy interesante para los amantes de la ornitología el avistamiento de buitres, águilas, milano real y negro, cigüeña negra y aves de menor tamaño.
Entre los recursos culturales los lagares rupestres, que dan nombre a la ruta, ocupan posición preeminente. En la actualidad no hay municipio de España que en tan pocos kilómetros cuadrados tenga localizados un número tan elevado, más de cien estructuras de esta índole. Bien es cierto que en el itinerario se observan solamente once que son los más cercanos al camino. Los lagares rupestres, con nombres diversos a lo largo y ancho de nuestra geografía, son excavaciones en roca de granito en este caso, que pueden tener de una a tres concavidades. Los más frecuentes son los de dos recipientes comunicados por un agujero o bocín y los más escasos los de tres. Además de las lagaretas, la actividad vitivinícola puede verse en la enorme sucesión de bancales, (paredones en el lenguaje serrano), que han ocupado históricamente las vides, a veces asociadas al olivo y frutales. En el camino, las fuentes y pozas hablan de los pequeños huertos dispersos; los corrales de la importancia ganadera pasada; las eras de la economía cerealista ya olvidada; los poblados primitivos de una historia poco conocida y los Pajares, tradicional núcleo de trashumancia local, de unas formas de vida desaparecidas hace pocos años.
PÚBLICO:
La vía es accesible para el gran público, para grupos familiares, excursiones de colegios y especialistas relacionados con la geografía, la historia, la botánica, la antropología, la etnología y por supuesto para enólogos o personas que quieran conocer los orígenes del remoto aprovechamiento de la vid y de la milenaria y mediterránea cultura de los lagares.
¿QUÉ INTERÉS PUEDE TENER PARA SAN ESTEBAN DE LA SIERRA Y COMARCA?
No cabe duda que es una ruta singular, única en el espacio serrano y me atrevería a decir que en la Comunidad Autónoma e incluso en el país por sus características. Por tanto puede servir de revulsivo para una zona cada vez más deprimida y donde se está tratando de sacar a la luz un patrimonio milenario que de otra forma hubiera quedado en el olvido como ha sucedido durante siglos.
Es una ruta de escaso coste económico fruto de la voluntad y cooperación altruista de un grupo de personas que amamos la tierra donde hemos nacido; una ruta de la que debiera hacerse eco la Administración y quienes han hecho inversiones millonarias en rutas muy adobadas con elementos externos y mucha difusión.
Animamos a todos a realizar la ruta,  disfrutar de la belleza de los paisajes, de la Historia que sale al paso, de la interpretación fisionómica o histórica, de la hospitalidad de San Esteban y los excelentes productos de nuestra tierra, desde los hornazos, los nuégados, las perrunillas y el anisete, los embutidos y los deliciosos caldos.
¡Allí les esperamos!

lunes, 12 de noviembre de 2012

PAISAJES CON HISTORIA: LAS HUERTITAS.

PAISAJES CON HISTORIA: LAS HUERTITAS.
Desde el Alto de Valmedroso y Cantarrana hasta Rando y desde  los elevados  canchales del Prado Concejo hasta el encajado y rocoso lecho del Alagón se extiende el amplio pago que genéricamente conocemos como Las Huertitas. Es un paraje de discontinua faz de lanchones graníticos, bolas berroqueñas, acumulaciones de originario ígneo material, singulares marmitas y caprichosas formas, fruto de la propia naturaleza pétrea y de los agentes externos de erosión. Frente al vistoso roquedo, tierras de arenosa textura casi siempre en pendiente y  umbrosa orientación. Como cubierta vegetal, densos robledales, dispersos rodales de castaños, fresnos en los lugares más húmedos, diseminados plantones de cerezo silvestre, algún pinar antrópico, sotobosque de bardas, retamas, espinosas plantas, aromáticos cantueso y mejorana…





En medio de este paisaje, muy trastocado a lo largo de los tiempos, pervive algún aislado cultivo de viña, frutal y huerta. Es la reliquia de una tierra que de forma dispersa y con labor intensa permaneció productiva hasta las postrimerías de la pasada centuria. Los pequeños huertos fueron abundantes aprovechando fuentes y manantiales de forma integral; el viñedo y el frutal ocupó mayor superficie y durante más de dos décadas del pasado siglo, algunos de los actuales robledales fueron productivos campos de fresas. Anteriormente no faltaron fincas de cereal que en las cercanas eras de natural alisado lanchón  era trillado y aventado. Ahora, parte del territorio está cercado y sostiene ganadería bovina de forma extensiva; el resto, abandonado a su suerte, retorna al paisaje ecológico.
Para el viajero de hoy, la percepción más superficial es la de un paisaje bravío no exento de belleza y de atractivos rincones al correr de las estaciones. Llegada la primavera no es difícil contemplar, entre el bosque o los claros del mismo, las prímulas amarillas, las rosas de peonía, diversas leguminosas, gamones,  pequeñas y llamativas orquídeas. A finales del verano abundan las moras de zarzal y las endrinas adquieren morada tonalidad. Ya en el otoño, el caducifolio bosque se viste de rojos, ocres y amarillos  y bajo él aparecen variedad de hongos en años de lluvia y suavidad térmica.




Recorrer las pistas y veredas siempre deviene en agradables sorpresas,  un bando de perdices, el salto de un corzo, el canto de la llamativa oropéndola, avistamiento en las alturas del milano real, el buitre, el águila,  las ordenadas y ruidosas grullas migrantes y quién sabe si el vuelo de la cigüeña negra o el paso de la avutarda…
Para quien se adentre en su interior, olvidando sendas, la huella humana poco a poco sale al paso y entre robledales, castañares y roquedos aparecen restos de la prístina historia. Aquí la musgosa pared de la vieja cerca, allá bancales abandonados, eras que conservan semicirculares hitos, piedras hincadas linealmente, paralelas entre sí, como si de canalización se tratara, grandes bloques graníticos formando  abrigo natural donde el hombre elevó pared y usó como refugio, acumulaciones circulares de piedra de antiguas viviendas, pizarras de foránea procedencia, trapezoidales   tumbas y bellísimas lagaretas rupestres que nos retrotraen a una lejana y milenaria época.





 
Ninguna fuente escrita nos habla del remoto poblamiento y aprovechamiento de estas tierras si exceptuamos las referencias cinegéticas del siglo XIV  donde se citan  Valmedroso y Rando, siendo Las Huertitas obligado paso entre  uno y  otro lugar. Son los restos pétreos, esculpidos o manejados por el hombre, quienes nos proporcionan los primeros indicios de la ocupación y actividad humana, una actividad que probablemente iniciaron  cazadores itinerantes  que con el paso del tiempo se establecieron en dispersos  y pequeños asentamientos donde según los indicadores hubo además de aprovechamiento de los recursos naturales, desarrollo de la agricultura y la ganadería con anterioridad a la dominación romana de la península. Son varios los lugares en los que hallamos reminiscencias de hábitat primitivo. Posiblemente otros sitios habitados han desaparecido por completo con el paso de los siglos. La milenaria evolución a través de sucesivas generaciones y vicisitudes históricas habrá ido destruyendo u ocultando los restos anteriores. 
Se comenta entre los naturales de esta tierra que una de las áreas donde se hallan derruidas viviendas primitivas y vestigios pétreos labrados se corresponde con Randino, uno de los cuatro lugares que al decir popular conforman el municipio de San Esteban de la Sierra. No hay constancia escrita sobre ello como tampoco sobre otro sobrecogedor paraje en el que además de la belleza natural se encuentran  manifestaciones antrópicas de naturaleza similar a la anterior.




Si se llevara a cabo prospección arqueológica ésta desvelaría ocultas reliquias y aportaría cronología acerca de la ocupación humana y la antiquísima cultura de los lagares. Lagares y tumbas son actualmente impronta externa  visible e interesante de la intervención humana. Al carecer de estudios in situ que permitan la datación, la única posibilidad de valorar y quizás datar este patrimonio es a través de la comparación de nuestros lagares con  los existentes en la península y en el contexto mediterráneo. Se conocen pilas de idénticas características en Anatolia, Grecia, Bulgaria, Italia, Malta, Siria, Israel, Palestina, Portugal… La antigüedad de algunas de ellas se remonta a varios siglos antes de Cristo tal como demuestran los estudios de especialistas en el tema como el italiano Orlando Osculli. Con relación a la península, las arqueólogas Mata Parreño y Martínez Valle sitúan algunos de los lagares de la región Utiel-Requena entre el siglo V y III antes de Cristo, prolongando su vida hasta el siglo III de nuestra era con las villae rusticae; Paule Rubio habla de lagares prehistóricos en el norte de Extremadura; Manuel León Cáceres emplaza en época romana lagares y asentamientos de Quintana de la Serena en la provincia de Badajoz. Antonio de Sá Coixao establece que lagares rupestres del norte de Portugal pueden datarse entre los siglos II y IV, en época romana. No está clara la datación de los lagares riojanos; quienes abogan por época medieval y quienes le atribuyen varios siglos más de antigüedad.
Mucho se ha especulado y debatido entre historiadores, arqueólogos, antropólogos, aficionados…, sobre la utilización de estas pilas dispersas por los campos: lugares sacros y rituales, lagares de aceite, de vino, de extracción de miel, pilas para el tinte de tejidos, depósitos para el enriado del lino…
Hoy día, aunque hay quienes nadan a contracorriente, son muchos los expertos que piensan que las estructuras labradas en roca, con uno o varios recipientes, tuvieron una función económica y que en el caso que nos ocupa fueron utilizadas para la elaboración del vino tal como se desprende de los diversos estudios realizados sobre lagares similares tanto en la península como fuera de ella. Esta función no descarta el sentido ritual  que el vino ha tenido en diversas culturas.
Es sabido que en tierras de la Calabria italiana y en Portugal, excavaciones idénticas a las de San Esteban, fueron usadas para el primer proceso en la elaboración del vino desde aquellos lejanos tiempos hasta la segunda mitad del siglo XX. En países y regiones citados anteriormente, la función de uso se perdió hace siglos, lo mismo que sucedió en San Esteban donde no ha habido transmisión oral ni escrita que hable del momento de explotación y abandono. El exhaustivo estudio de los hallazgos arqueológicos de la ciudad ibérica de Kelín, Solana de las Pilillas y otros yacimientos valencianos  son un testimonio más del remoto empleo, incluso industrial, de estas lagaretas rupestres. Ánforas, pepitas y otros restos  permite hablar a los arqueólogos de la Universidad de Valencia  de una importante producción y comercialización de vino  en época ibérica.
 En lo que se refiere al carácter ritual del vino, asociado a los lagares, es buen ejemplo la ciudad tracia de Perperikon, ciudad dedicada a Dionisos, dios del vino, y donde se hallan varios lagares.  Otro ejemplo en el que lagares y ritual van de la mano es el de la Solana de las Pilillas en  la región de Utiel-Requena donde  se localizó un altar a Baco, la divinidad romana relacionada con la viticultura. Los arqueólogos valencianos son conscientes de esta interrelación a la vista de los testimonios pero nunca se han decantado por lagaretas exclusivamente rituales como ha ocurrido tiempo atrás, entre ciertos estudiosos, en Extremadura o en la Meseta Norte.

El patrimonio (lagares y tumbas) que conocemos en el pago de las Huertitas está compuesto por dos lagaretas inconclusas, ocho de doble concavidad, dos de único recipiente, tres tumbas más o menos conservadas, una rota y otra simplemente marcada. No hay duda que en cualquier instante nuevos hallazgos puedan incrementar el diez por ciento aproximado que en estos momentos constituyen las pilas de las Huertitas en el término municipal de San Esteban de la Sierra.

Continuamos con nuestra tarea de localización, estudio de las características de cada lagar y su entorno y esperamos que en un futuro nuestro trabajo pueda concluirse con rigurosa prospección arqueológica de alguno de los puntos en los que la intervención humana posterior no ha borrado el primitivo sello.

Joaquín Berrocal Rosingana.


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IMÁGENES DE OTOÑO:RUTA DE LOS LAGARES RUPESTRES.