martes, 13 de febrero de 2018

PAISAJES RECOBRADOS


Hace ya un año que, sin tiempo para pensarlo, cruzaba la meseta de tierras de “pan llevar”, la de “cerros motilones”, blancos oteros, desiguales y quebradas parcelas de abigarrados tonos verdes, ocres, rojizos, blanquecinos, de elevados paisajes que conducen a los puertos de montaña, límite regional.

En la retina, núcleos de aspecto terroso y distantes, altivas torres, rodales de pino o encinar, arbitrariedad de gran ciudad que crece sin cesar, la magna obra del canal, la belleza del románico, los palomares de Campos y al paso…, topónimos de tantos lugares ya casi olvidados.

En las proximidades del puerto, restos de pasadas nevadas; sobre las cumbres, nieve, nieblas y oscuras nubes que ofrecen contrastado panorama de luces y sombras que se van desvaneciendo en el transcurso del estrecho pasillo entre valles intrincados, laderas pronunciadas,  verdes prados y gris arbolado de hayas y robles.

Pequeños pueblos diseminados entre la agreste geografía que alterna bosque y pradera de economía silvo-pastoril. Todo es descenso  hacia  las tierras  que se acercan al mar, laberinto de vías de  comunicación, poblamiento disperso por un lado y concentración humana en urbes industriales y de servicios entre bosques de pinos y eucaliptos hace décadas introducidos en este territorio.

Finalmente, el destino junto al mar en día claro que regala luminosa estampa de aguas azules, altas montañas de blanco bajo nubes dispersas azotadas por el viento del SO. Es la tierra donde se fusionan la montaña y el mar, el azul, el verde y el blanco.


Y en la corta y aprovechada estancia, mientras caminas junto al mar, sopla el viento, las olas son blancas burbujas que se funden sobre la arena, hueles la humedad marina, recobras sensaciones y fijas rincones olvidados. La Naturaleza te absorbe…, la insólita imagen del mar, la fina arena, el dilatado azul, heroico, a veces siniestro; el canto de las olas, el aire que respiras…

Mientras evocas los viajes del pasado y contemplas de nuevo los hermosos accidentes geográficos, cada una de las piezas de ese complejo puzle que conforma la Naturaleza te hace vibrar, sentir y valorar esta bella tierra que hacía tanto tiempo no pisabas.




















jueves, 8 de febrero de 2018

DESDE MI ATALAYA


Hay tentaciones que difícilmente se pueden resistir. En esta tarde de sol, frío y viento sentía el especial antojo de subir la empinada cuesta hasta el vértice geodésico de los Riscos donde a 985 metros sobre el nivel del mar encontramos el punto más elevado de San Esteban de la Sierra.

Podría pensarse que desde lugar mil cuatrocientos metros por debajo de la Sierra de Béjar y unos setecientos bajo la Peña, las posibilidades de contemplar paisaje no son muchas. Es sin embargo, atalaya tan bien ubicada, que desde el arriscado dique de cuarzo, cuando a él accedemos, tenemos la sensación de dominar “medio mundo”. Es un decir…, pero la sensación de dominio de espacio colma el esfuerzo de la subida.

Observar mis amigos cuánto y cuánto territorio a mi alrededor y cuánta belleza en las nieves de las montañas abulenses previas a Gredos, en el Macizo Central, en la Sierra de Béjar, en la Tras Sierra extremeña y contemplar los contraluces de las viejas montañas de la cuenca del Alagón y los límites con Cáceres, de la Peña de Francia, del Castillo Viejo y las Quilamas, del Cervero y la Sierra Mayor…Y si miráis en dirección norteña tendréis como telón de fondo la Sierra Menor, divisoria climática e hidrográfica. Y por supuesto, no olvidéis ver pueblos de cercanía como el Tornadizo, San Miguel, Los Santos, Valdelacasa y otros más distantes como Candelario o el Castañar de Béjar y los pueblos que custodian el Valle Sangusín…


Hay otros muchos pequeños detalles del entorno que me han henchido a pesar del  frío o el viento… ¡Qué tarde regalo de la Naturaleza! Si no la vives nunca la puedes sentir.



















viernes, 2 de febrero de 2018

VEINTICINCO KILÓMETROS PARA DISFRUTAR

Imágenes de nuestro recorrido, San Esteban, Puente de Rando, El Tornadizo, San Miguel de Valero, Valero de la Sierra, San Esteban de la Sierra.Veinticinco kilómetros de gran belleza paisajística y grandes recursos culturales. Una maravilla para los amantes del senderismo.