miércoles, 10 de mayo de 2017

NUESTRO RÍO SE MUERE.


No dudamos de la buena intención de quienes realizan un proyecto; sí dudamos de que aquello que se propone sea lo más viable, correcto y de interés general, sobre todo cuando se observa lo incompleto del mismo, la falta de imparcialidad y la cuantiosa inversión.

La razón de este preámbulo tiene que ver con el Proyecto Cipriber, la Confederación Hidrográfica del Tajo y la pretendida demolición de la pequeña presa ubicada en el Río Alagón en el término municipal de San Esteban de la Sierra  que tradicionalmente ha servido para canalizar las aguas hasta la Almazara; por tanto, ha tenido una función económica aunque no se utilice en estos momentos. Pero…, quién sabe si en un futuro próximo no se podrían requerir sus servicios.

Entre las razones esgrimidas para el derribo se habla de la situación irregular del azud, del IF o índice de franqueabilidad que en este caso, según sus estudios, se establece en 100, es decir, el mayor de los obstáculos. Por otro lado explican: “En los últimos años se ha constatado la disminución de las poblaciones de Ciprínidos en esta zona, como consecuencia de obstáculos transversales en los diferentes ríos, que impiden los movimientos migratorios de estas especies y en consecuencia la viabilidad a largo plazo de estas poblaciones.”Más adelante, extraemos los siguientes párrafos: “… y debido a la presencia de especies exóticas invasoras en la zona de actuación, la vuelta de estos tramos fluviales a su régimen natural, se entiende que es en si mismo una forma de lucha contra las mismas, al favorecer las condiciones de caudal y sus eventos de sequía, a las que están más habituadas las comunidades autóctonas”.

En dicho proyecto se habla de regeneración de los ríos,  restauración del entorno,  mejora de la continuidad y el estado ecológico fluvial para compatibilizar la reducción del impacto ambiental y los beneficios económicos de la explotación de las aguas…
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El azud de la Almazara no es una barrera infranqueable para los peces mayor que los muchos obstáculos antrópicos existentes en la misma cuenca hidrográfica aguas abajo y por supuesto de menor entidad que las barreras pétreas naturales.  El gran problema de la ausencia cada vez mayor de peces y deterioro ambiental habrá que buscarlo en los vertidos, en la falta de depuradoras, en el abandono de las márgenes fluviales y la escasa limpieza realizada en el cauce. Las susodichas actuaciones poco conseguirán si no hay una coherente política medioambiental, bastante más compleja que el intento de destrucción de una pequeña presa con mejoras parciales de restauración...

Teniendo en cuenta que en este tramo del río Alagón se producen largos estiajes y la conectividad de las aguas es imposible, son estas láminas de agua las que permiten algo de vida en los charcos o pesqueras naturales o de intervención humana donde los impactos medioambientales son muy inferiores a los que se pueden ver en numerosos afluentes del Alagón, sean piscinas naturales, escaleras, hormigonados, chiringuitos…

Si lo fundamental es la conectividad, no se justifica la destrucción total del azud. ¿No existen  compuertas que se abren y cierran en función de la época del año? ¿No hay en muchos lugares “escalas para peces” sin apenas impacto visual?

Hasta no hace tantos años, las especies autóctonas se pescaban a caña, con cicuta, lejía, coca, sulfato, redes, cartuchos…, año tras año y…, un año sí y otro también había peces para aburrir a los habitantes de todos los pueblos del entorno, bastante más numerosos que en la actualidad. Llegaron los vertidos no controlados, los núcleos sin depuradora, los plásticos, latas, bidones,  y los listos de turno, quién sabe de qué Universidad surgidos, que introdujeron voraces peces que acababan con las especies propias del lugar. Desapareció el caprino que limpiaba las márgenes, el vecino de turno que recogía leña junto al río, el que cortaba ramos para las cabras y tras ello…, las restrictivas leyes dejaban todo a cargo de los entendidos en medio ambiente y confederaciones que se debían encargar del mantenimiento y restauración. ¡Qué ardua tarea para el que desde el despacho toma las decisiones!

Si las barreras antrópicas existían y las naturales también, cómo es posible que hubiera tantos peces en cualquier lugar del curso del Alagón y no se extinguieran a pesar de tanta pesca ilegal y tantas tropelías, inconcebibles  desde cualquier óptica en la actualidad. Cómo a pesar de las “barreras infranqueables” las especies alóctonas  se han extendido por doquier. Tal vez los doctos en ciprínidos tengan respuesta diferente a la nuestra.

Desde una óptica personal no se justifica la demolición del azud ni por conectividad, ni por regeneración de los ríos, ni por impacto visual negativo, ecológico o ambiental y por ende tampoco porque se puedan conseguir beneficios económicos a posteriori.

Nuestro río se muere y las razones por las que ello sucede son de conocimiento público. Se muere por los vertidos de una y otra índole, por el abandono de las márgenes cuya mancha forestal absorbe incluso las aguas de charcos que antes permanecían con vida durante el estío, por las numerosas sombras  creadas por la vegetación donde no medran los ciprínidos, se muere por la introducción de especies alóctonas que vete a saber a qué iluminado se le ocurrió… No se muere por lo que algunos consideran “barreras infranqueables”, antrópica en el caso que nos ocupa, la Pesquera del Puente Nuevo.

¿Qué explicación nos dan los expertos a los piélagos muertos durante el estío cuando tiempo atrás eran lugar de baño durante todo el verano? Dirán que es el cambio climático. Todo influye pero desde septiembre del 2015 hasta finales de junio del 2016 cayeron 1350 mm y a principios de agosto la cabecera del Alagón agonizaba.


Y para acabar con el alegato a favor de la no demolición conviene recalcar que toda la zona tiene graves riesgos de incendios que ponen en peligro la naturaleza y al mismo hombre. Son estas pesqueras el primer auxilio ante lo no deseado por lo que quizá habría que abogar por la existencia de mayor número de láminas de agua de bajo impacto salvo que la política ambiental  y contra incendios cambie de signo. “Mejor es prevenir que  lamentar”.



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