miércoles, 16 de marzo de 2011

SEBASTIÁN SILLERO DEL RÍO:PROTAGONISTA DE UN MUNDO OLVIDADO.

SEBASTIÁN SILLERO DEL RÍO: PROTAGONISTA DE UN MUNDO OLVIDADO.

Hace cerca de cuarenta años, cuando el senderismo y las rutas de montaña apenas tenían resonancia en nuestra tierra, tuvimos la gran suerte de conocer los inhóspitos paisajes de las Quilamas y la más excepcional persona que viviera en tan agreste geografía. Chan, el cabrero de Valero, el más ágil entre los pastores y el mejor conductor de rebaños, fue en aquellos momentos el mayor encuentro que los ávidos caminantes y ansiosos descubridores pudiéramos tener. Aún recordamos aquella mañana en la que desde la Puerta el Sol del Castillo Viejo   los intrépidos visitantes nos sentíamos observados conforme subíamos las últimas rampas;  aquel día y muchos más en los que el poderoso silbido de Chan rompía el silencio de las montañas  a la par que arreaba el ganado y echaba el perro de careo para dominar la piara; aquellas jornadas en las que compartíamos bota de vino, tajada y la deliciosa agua del Castillo; aquellos días en los que Chan comentaba la dureza de una vida dedicada al pastoreo desde la infancia, relataba una y mil peripecias y nos orientaba sobre rutas y trochas.

 Durante años fueron frecuentes las excursiones al Castillo, a la Cueva de la Quilama, Castil de Cabra, Bieco, etc. Siempre, en uno u otro lugar, encontrábamos a Chan, cayado en mano y zurrón en bandolera, dicharachero, observador, veloz como el viento ante las exigencias del rebaño, siempre atento a todo en aquella tierra de soledades, inquietante, bella y hostil a la vez.


Cuatro décadas después hemos revivido una jornada en el insondable territorio de las Quilamas. De nuevo Chan ha sido el guía y referente en  la tierra que holló durante cincuenta y cinco años cuidando el ganado. Ahora, con el paso de los años y jubilado, se palpa una cierta nostalgia y resignación respecto a lo que fue su vida, aún reconociendo la dureza del oficio. De su boca surgen historias nuevas y otras ya escuchadas: vivencias en días de lluvia y tormenta, noches al raso con los zajones como cama y el zurrón como almohada; noches de vigilia ante el acoso del lobo al ganado, escenas del cerval, el buitre o el águila…


Desde las alturas señala cumbres, bosques, regatos, cantiles y pedrizas, un increíble repertorio de topónimos difíciles de retener. Está en su ambiente, lo vive; siente sin embargo el espacio perdido y el hombre olvidado como históricamente ha sucedido con quienes han vivido encerrados en este dilacerado valle de las Quilamas.



Chan, protagonista del postergado mundo pastoril, atesora conocimientos y saber hacer que nuestra sociedad no debiera dejar escapar. Otro tanto sucede con muchos de nuestros habitantes serranos, artífices de un humanizado paisaje, derruido en los últimos lustros y a quienes la historia margina en pro de la bucólica y muchas veces engañosa naturaleza que crece a su libre albedrío.

En casa de Chan  hemos sido bienvenidos y  la hospitalidad se deja sentir en todo momento con el agasajo de variados dulces y la amabilidad en la palabra ¿Qué más se puede pedir?


En la actual bodega de la vivienda vemos su indumentaria de pastor. De las paredes cuelgan zajones, mochila, cencerros, cayados y albarcas, amén de cántaros de latón, medidas, cuernas etc. Es el ajuar pastoril. No falta  el instrumental agrícola, arado, azadas, hoces, corvillos de vendimia... Ante la permanente actividad de Sebastián, su mujer fue la auténtica hortelana.


En el salón numerosas fotos de familia, algunas de juventud y otras de recientes eventos. Una vieja imagen recuerda al cabrero de antaño en compañía del perro, las cabras de la piara, su mochila y cayado.

Sebastián nos ha acompañado por  las calles de Valero y a visitar su plaza de toros, la más genuina por forma y emplazamiento y la más  madrugadora en los festejos taurinos anuales de España.


Tras el leve paseo recalamos en casa de Rafael. La laboriosa familia, reparando colmenas, ha dejado su trabajo para ofrecernos su casa,  café y  mantecados. Como en anteriores ocasiones es muy de agradecer la acogida y amabilidad que en todo momento muestran.


En esta sociedad, en la que tantos homenajes se ofrecen y tantas placas se descubren, a veces por nimios méritos, echamos en falta el homenaje a tantos y tantos de nuestros mayores serranos, pastores y agricultores que, por su trabajo, dedicación y conservación de un paisaje no merecen ser los grandes olvidados.






1 comentario:

  1. ¡Vaya envidia de jornada!
    Era para ir con grabadora y cámara de video y no perderse ni uno de los comentarios tanto tuyos como de tu amigo Sebastian.
    Preciosos paisajes y estupenda compañía.
    ¡Estas son las cosas que merecen la pena hacer!
    Hasta pronto
    Teresa

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